Ayer, sábado 23 de febrero, en la capilla de la Catedral de la Almudena de Madrid, Jesús tocó con su Amor los corazones de quienes se acercaron a Él con peticiones, esperanzas, dolores, miedos y sueños. Escuchó las oraciones de cada persona y donó un rato de descanso y paz en medio de la frenesí de la ciudad que todo lo ofrece excepto silencio y serenidad.

Damos gracias a Dios porque … “¿Quién pretenderá contar sus misericordias? Nada hay que quitar, nada que añadir, y no se pueden rastrear las maravillas del Señor”. (Eclesiástico 18, 5-6)

¡Hasta la próxima!

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