La alegría es un rasgo constante de la evangelización que acompaña la adoración eucarística que mensualmente vivimos en la Catedral de la Almudena en Madrid. Mes después de otro crece en nosotros el deseo de invitar a los peregrinos, turistas, feligreses y toda clase de persona que encontramos a entrar en la Capilla y disfrutar de la presencia benéfica de Jesús presente en la Eucaristía.

 

 

 

 

 

 

Y la razón es muy sencilla: los primeros que beneficiamos de la gracia de Dios somos nosotros mismos. Es un hecho más que comprobado la alegría y la ligereza que siguen a este tiempo que entregamos a Dios para que mucha más gente pueda encontrarlo y experimentar su amor; siempre Él nos lo devuelve llenándonos de gozo y paz.

El pasado sábado además tuvimos la suerte de cruzar con un concierto navideño muy bonito que abrió puertas y corazones para que mucha gente acudiese a la Capilla de la adoración. Sonrisas y lágrimas de alegría y sanación han acompañado numerosos de estos encuentros “cara a cara con Jesús”, pequeños señales que muchos corazones fueron tocados por la misericordia de Dios Padre.

Dios es nuestro gran Rey. ¡Aleluya!

 

 

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